Insights / Estrategia
Cómo decidir rápido y con buen criterio.
La información ya llega en minutos, y eso permite diseñar una forma de decidir que aprovecha esa velocidad con criterio y aprendizaje.
Marcos Astudillo
5 min de lectura
Las decisiones lentas solían tener una explicación razonable: la información tardaba en llegar. Había que esperar el cierre de mes, el estudio de mercado o el informe del área de análisis para tener una base sobre la cual decidir. Hoy, con datos ordenados y herramientas de IA, buena parte de ese análisis se puede tener en una tarde, y eso cambia por completo el punto de partida. La oportunidad está en que el ritmo de decisión de la empresa acompañe este nuevo ritmo de la información. Para lograrlo, mira la forma de decidir como algo que se diseña, igual que un proceso comercial o una cadena de abastecimiento.
Dónde se acumula el tiempo de una decisión
Si miras con cuidado una decisión que tardó semanas, vas a ver que el tiempo se acumula en los espacios que rodean al análisis. Se acumula esperando la próxima reunión, coordinando las agendas de quienes tienen que estar, volviendo a discutir lo que ya estaba acordado y pidiendo un dato adicional para postergar una conversación incómoda. Todos esos son temas de diseño de la decisión, y justamente por eso tienen solución dentro de la propia empresa. Una herramienta acelera el análisis, y el rediseño del proceso es lo que convierte esa aceleración en decisiones tomadas a tiempo. Quien lidera tiene, entonces, la palanca principal en sus manos.
Separar las decisiones según el costo de un error
Una idea muy útil es distinguir entre las decisiones que se pueden revertir con facilidad y las que tienen consecuencias difíciles de deshacer. Las primeras se toman rápido y cerca de quien tiene el contexto, con permiso explícito para equivocarse y corregir sobre la marcha. Las segundas merecen tiempo, análisis y la mirada de un comité que pueda pesar los riesgos con calma. Cuando cada tipo de decisión tiene su propio carril, las pequeñas fluyen con agilidad y las grandes reciben toda la atención que requieren. Ese ordenamiento sencillo libera la agenda de los equipos directivos y le devuelve autonomía a las personas que están en la operación.
Ciclos cortos que dejan aprendizaje
Decidir rápido funciona muy bien cuando cada decisión viene acompañada de una forma de saber si resultó. Eso implica dejar escrito qué se espera que pase, en cuánto tiempo y qué señal va a indicar que es momento de ajustar el rumbo. Con esa disciplina la velocidad se traduce en aprendizaje, porque cada ciclo deja a la empresa con información nueva sobre su mercado, sus clientes y su propia operación. La siguiente decisión parte entonces desde una base informada, y el conocimiento se va componiendo trimestre a trimestre. Así la rapidez y la calidad avanzan juntas y se refuerzan mutuamente en cada vuelta.
Con todo esto, el trabajo de quien lidera pasa a ser el diseño del sistema de decisión de la empresa: qué se decide en cada nivel, con qué información y en qué plazo. Su foco está en que el sistema completo decida bien, y eso le permite delegar con confianza las decisiones que otras personas pueden tomar con el contexto adecuado. Una forma concreta de empezar es revisar las decisiones del último trimestre y preguntarse cuáles se demoraron en exceso y por qué. La respuesta suele aparecer en el proceso, y un proceso se puede rediseñar con el mismo equipo que lo vive todos los días.