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Insights / Formación

El valor de un proyecto aplicado

Un caso de estudio se cierra con el curso. Un proyecto aplicado sigue funcionando el lunes siguiente.

Tomás Elgueta ·14 de julio de 2026 ·5 min de lectura

La diferencia entre un caso de estudio y un proyecto aplicado parece de matiz y no lo es. Un caso de estudio ocurre en una empresa que no es la tuya, con datos que no son los tuyos y con restricciones que alguien ya limpió. Un proyecto aplicado ocurre en la tuya, con tu dato sucio y con tu jefatura mirando.

La primera consecuencia es que en el proyecto aplicado aparecen los problemas reales, y aparecen temprano.

Lo que se descubre y no está en el temario

En mi cohorte, cuatro de los seis participantes descubrieron en la segunda semana que el dato que necesitaban no existía en la forma en que creían. Ninguno lo sabía antes de intentar usarlo.

Ese hallazgo, que en un caso de estudio no ocurre nunca, suele ser más valioso que el proyecto mismo. Una persona que vuelve a su área sabiendo exactamente qué le falta para automatizar algo tiene un argumento concreto para pedirlo. Una persona que volvió con un caso resuelto de otra empresa tiene una presentación.

El costo

Hay que decir la parte incómoda: el proyecto aplicado es más lento y más frustrante. Avanza a la velocidad de la organización, no a la del curso. Hay semanas en que un participante no puede mostrar nada porque está esperando un acceso.

Diseñar el programa alrededor de eso significa aceptar que el calendario se estira, y significa que el docente tiene que trabajar con quince realidades distintas en vez de con una.

Qué queda después

De la primera cohorte, treinta y uno de los proyectos siguen funcionando. No todos son grandes: hay tres que son una alerta de calidad de dato, y hay uno que es una planilla que dejó de llenarse a mano.

Ese último es probablemente el mejor ejemplo de lo que buscamos. Nadie va a poner esa planilla en una presentación de transformación digital. Pero le devolvió cuatro horas semanales a una persona, sigue corriendo, y su dueña sabe exactamente cómo arreglarla cuando se rompa.

La pregunta que le hacemos a un egresado a los seis meses no es qué aprendió. Es qué sigue funcionando.

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