Insights / Formación
El valor de un proyecto aplicado en tu propia empresa.
Un proyecto aplicado sigue funcionando después del curso, porque nace con el dato, las personas y las condiciones reales de tu empresa.
Rodrigo Orellana
5 min de lectura
Un proyecto aplicado ocurre en tu propia empresa, con tu dato tal como está hoy, con las restricciones reales de tu operación y con tu líder siguiendo el avance de cerca. Esa combinación le da al aprendizaje una textura muy particular, porque cada concepto del programa se prueba de inmediato sobre una situación que conoces de memoria. Los casos de estudio siguen siendo una buena puerta de entrada para entender un problema, y el proyecto aplicado es el paso que lleva ese entendimiento a la práctica diaria. La primera consecuencia es que los problemas reales aparecen temprano, cuando todavía hay tiempo y acompañamiento para resolverlos. Esa aparición temprana es una de las grandes ventajas del formato.
Lo que se descubre fuera del temario
Es frecuente que en la segunda semana alguien descubra que el dato que necesitaba existe en una forma distinta a la que imaginaba, o que vive en un sistema al que todavía le falta acceso. Ese descubrimiento aparece recién al intentar usar el dato, y por eso tiene tanto valor dentro del programa. Muchas veces ese hallazgo termina siendo uno de los aprendizajes centrales del proyecto, porque le entrega a la persona un mapa preciso del terreno donde trabaja. Quien vuelve a su área sabiendo exactamente qué necesita para automatizar una tarea lleva un argumento concreto para pedirlo, respaldado con cifras de su propia operación. Esa capacidad de pedir con fundamento es una competencia directiva que acompaña a la persona mucho tiempo después de terminado el curso.
El ritmo de la organización
Un dato para tener desde el inicio: el proyecto aplicado avanza al ritmo de la organización, y ese ritmo marca el calendario del programa. Hay semanas que se dedican a conseguir un acceso o a coordinar con otra área, y esa gestión también es parte de lo que se aprende a hacer. Mover una organización para que entregue un dato o abra un permiso es una habilidad que todo profesional senior usa a diario, y practicarla con acompañamiento la vuelve natural. Diseñar el programa alrededor de esa realidad significa aceptar que el calendario se estira cuando la empresa lo necesita. También significa que los Fellows acompañan muchas realidades distintas en una misma cohorte, y esa diversidad enriquece la conversación de todo el grupo.
Qué queda después
La prueba de un proyecto aplicado llega meses después, y consiste en ver si sigue funcionando en el día a día del área. El proyecto puede ser pequeño y cumplir con creces su propósito, como una alerta de calidad de dato o una planilla que dejó de llenarse a mano. Esa planilla retrata muy bien lo que buscamos en cada proyecto de la escuela. Le devuelve horas a una persona cada semana, sigue corriendo por su cuenta y su dueña sabe exactamente cómo arreglarla cuando algo falle. Esa autonomía es la señal de que el aprendizaje quedó instalado en la persona y en su equipo.
La pregunta que le hacemos a cada Alumni a los 6 meses es simple y directa: qué sigue funcionando. Las respuestas nos cuentan mucho sobre el valor real de la formación, porque muestran el trabajo que sigue vivo cuando el programa ya terminó. En Thinkr, los proyectos que responden bien a esa pregunta llevan el sello By Thinkr, que reconoce el trabajo aplicado que sigue generando valor en la organización. Creemos que la formación senior se mide en lo que queda funcionando el lunes siguiente y en los meses que vienen, y con esa convicción diseñamos cada programa.